No me tuve que haber quedado tanto tiempo. Pero supongo que amé.

Cuando dije que te amo es porque aprendí a amarte.
O supongo que, siendo más exacta, en este caso, aprendí a amar la distancia que había para llegar a vos.

A amar todas esas cosas que hacías y hacían disonancia con lo que decías.

Amé lo que hacías
y aprendí a soltarlo también
porque no iba conmigo,
ni tenía que ver conmigo,
ni buscabas nunca mi mirada al hacerlo.

Pero sí amé.

Amé no conocer tus pensamientos, ni recuerdos,
amé no conocer tus experiencias de niño o tus sueños.
Amé que cada cosa que sí decías, la contradecías en acción casi en el mismo instante.
Amé sobretodo cuando eso que decías e invalidabas con tus acciones tenían que ver conmigo. Con el amor que decías tener, o con la cercanía, o con el tiempo.

Amé no confiar en ti, o sentir siempre que algo faltaba... porque se me hizo sencillo partir.

Y como en todas mis relaciones, di oportunidades.
Pero sólo en esta no me afectó perder mi tiempo; ni que siguieras adelante como si no hubiese significado nada. Porque eso no interesaba, nunca te conocí. Sólo a tus acciones.
Y tus acciones generalmente decían que no te importaba lo que teníamos. Y aprendí a escuchar.


De verdad amé amar esas acciones que te alejaban de mí.
Hasta que decidí dejar de amar algo que me mantiene de espectador; que no me da chance de vivirlo.
Y está bien...
Amé que te eligieras a vos por encima de mí, aún cuando no era necesario.


Aprendí a observar, aprendí a escuchar, y aprendí a hacerme a un lado. Ahora me falta tener la determinación para saber que no es necesario dar tanto tiempo para partir.

Comentarios

Entradas populares