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No sé si estás dispuesto a aprender, pero yo no estoy dispuesta a enseñar.

En mis letras hay sólo historias de terror.

Historia de terror.

Tiemblo al despertar y al irme a dormir.

Mi desvelo y mi sosiego se excusan en tu abrazo.

Me dueles, cada día.

No soy yo quien debería disculparse, pero la piel no lo sabe.

La realidad es mi miedo constante. Mi vulnerabilidad.

¿Existe tal cosa como la suerte del infortunio?

Me hizo falta un poco más de tiempo.